Señor, líbrame de lo que me aleja de Ti
Señor, líbrame de lo que me aleja de Ti
Salmos 59:2-3 «¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme, líbrame de los agentes del mal, de los hombres sanguinarios sálvame!»
En este amanecer hago mías las palabras del salmista y miro hacia mi interior. El enemigo también puede habitar en mí: en los pensamientos que me quitan el descanso, en las culpas que sigo arrastrando, en los resentimientos que me cuesta soltar. También hay ideas que, cuando las convertimos en verdades incuestionables, consumen nuestra energía y nos impiden mirar al otro con compasión.
Señor mío y Dios mío, ayúdame a reconocer aquello que me roba la paz. Que no busque siempre afuera la causa de mis luchas y tenga la humildad de aceptar lo que necesito cambiar.
A veces camino como si todavía debiera cargar todas mis cadenas. En tu entrega de Getsemaní, en tu pasión y en tu sangre derramada encuentro el amor que me sostiene y la esperanza de ser libre. Enséñame a recibir tu perdón, a reparar cuanto pueda y a dejar descansar en Ti lo que ya no está en mis manos.
Libéranos de cuanto intenta separarnos de tu presencia. Que podamos vivir con la alegría sencilla de tu gracia: agradecer lo cotidiano, amar a quienes nos acompañan y recibir este día sin quedar presos del ayer.
Hoy pongo ante Ti a mis familiares, a mis pacientes y a todas las personas enfermas del cuerpo y del alma. Alivia sus dolores, acompaña sus tratamientos y sostén a quienes cuidan de ellas. Acércate especialmente a quienes sufren en silencio y necesitan una mano, una palabra o un poco de esperanza. Hazme también instrumento de ese cuidado.
Gracias, Señor, por este nuevo amanecer. Ayúdame a vivirlo con un corazón más libre y dispuesto a amar.
Silencio en la mente, serenidad en el alma y paz en el corazón.
Amén.

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