Gracias por tanto
Salmo 47, 6–7
«Sube Dios entre aclamaciones, Yahveh al clamor de la trompeta: ¡salmodiad para nuestro Dios, salmodiad, salmodiad para nuestro Rey, salmodiad!»
El salmista alaba a Dios al son de la trompeta. Yo quiero comenzar esta mañana con algo más sencillo: un «gracias, Señor» al abrir los ojos.
A veces, antes de poner los pies en el suelo, ya estoy pensando en lo que falta, en lo que puede salir mal o en lo que quedó pendiente de ayer. Y entre tantos «peros» se me pasan por alto las bendiciones que ya están aquí: respirar hondo, escuchar el despertar de Mateo, compartir el primer café con alguien querido y tener un día más para aprender y seguir adelante.
Hoy quiero darle su momento a cada cosa. Ya habrá tiempo para atender las preocupaciones. Este primer instante de la mañana quiero dedicarlo a reconocer el bien que he recibido y a disfrutarlo.
Oremos
Señor mío y Dios mío, gracias por este amanecer y por las pequeñas alegrías que tantas veces recibo de prisa. Ayúdame a estar presente, a escuchar con paciencia y a dar el paso que hoy me corresponde con confianza.
Padre bueno, dale tu paz a quien ha despertado con el corazón inquieto. Que encuentre una mano amiga y sienta, en medio de lo que le preocupa, que Tú caminas a su lado.
Que hoy haya silencio en mi mente, serenidad en mi alma y paz en mi corazón.
Amén.
Reflexión diaria · Inspirada en una reflexión de Alberto Linero
