Al terminar el día, lo que cuenta es el amor
Oración de la noche
Octubre 26 de 2026
Señor mío y Dios mío, tu Palabra me recuerda que Jesús no buscó ser servido, sino servir. No se aferró a sus privilegios, sino que se hizo cercano, humilde y obediente. Al mirar su ejemplo, comprendo cuánto me falta por aprender.
Muchas veces quiero tener la razón antes que construir la paz; busco reconocimiento cuando debería buscar oportunidades para hacer el bien en silencio.
Perdóname por las ocasiones en que mi orgullo se impuso, porque lo más importante no fueron las tareas que terminé ni los problemas que resolví, sino la manera como amé a las personas que pusiste en mi camino.
Esta noche quiero dejar a tus pies todo aquello que pesa en mi corazón: errores, palabras que no debí decir y las oportunidades para hacer el bien y que dejé pasar.
Tú conoces mis luchas y deseos sinceros de crecer. Amén
Alberto Linero
Al terminar el día, lo que cuenta es el amor
Al llegar la noche, cuando se apagan los ruidos y el corazón puede hablar con más sinceridad, conviene preguntarnos cómo tratamos a quienes estuvieron cerca. ¿supimos escuchar? ¿Tuvimos paciencia? ¿Dejamos un poco de paz en alguien?
Esta oración de la noche de Alberto Linero me invita a mirar el ejemplo de Jesús: su cercanía, su humildad y su disposición para servir. Cuánto necesitamos aprender de Él cuando el orgullo nos lleva a discutir por tener la razón, cuando esperamos reconocimiento o cuando el afán nos impide advertir que alguien necesita nuestra presencia.
Servir comienza en lo cotidiano: escuchar sin interrumpir, corregir sin humillar, acompañar sin mirar el reloj y hacer el bien aunque nadie lo sepa. En mi vida como médico, también significa recordar que cada paciente necesita atención para lo que le duele y un trato que le permita sentirse escuchado y respetado.
Esta noche quiero agradecer lo vivido y reconocer aquello que pude hacer mejor. Pedir perdón por una palabra dura, por una respuesta impaciente o por esa oportunidad de ayudar que dejé pasar. Reconocer mis errores me permite aprender y, cuando sea posible, reparar el daño.
Señor mío y Dios mío, enséñame a amar con un corazón humilde. Que sepa construir la paz, alegrarme por el bien ajeno y servir sin esperar aplausos. Dame valor para pedir perdón y generosidad para volver a intentarlo mañana.
En tus manos dejo lo que hoy me pesa. Regálame silencio en la mente, serenidad en el alma y paz en el corazón.
Amén.
Orlando Bustillo Jr. MD
