La noche
Texto modificado de una reflexión de Alberto Linero, sin perder el sentido ni el mensaje, introspección espiritual:
La noche tiene algo de verdad.
Cuando el ruido baja y las distracciones se apagan, queda lo esencial: lo que soy, sin adornos.
Ahí aparece la vida tal como fue: mis aciertos, que agradezco en silencio, y mis incoherencias, que no puedo disfrazar. No todo lo que dije coincidió con lo que viví. No todo lo que profesé se hizo carne. Y, sin embargo, aquí estoy… sin huir.
La fe, cuando es honesta, no es una vitrina impecable. Es más bien un camino donde uno tropieza, se reconoce y vuelve a levantarse. No presume, pero tampoco se esconde. No se justifica, pero tampoco se rinde.
Ser coherente no es ser perfecto; es no traicionarse del todo. Es elegir el bien —a veces en silencio, a veces con esfuerzo— aunque nadie aplauda. Es callar cuando herir sería más fácil. Es mantenerse fiel en lo pequeño.
Pero también es mirar de frente las propias grietas, sin cinismo. Sin convertir las fallas en costumbre. Sin hacer de la incoherencia una excusa cómoda.
Por eso, la noche no solo revela: también invita.
Invita a agradecer lo que sí fue luz.
A reconocer lo que necesita cambiar.
A pedir la gracia de no acostumbrarse a vivir dividido.
Y, sobre todo, a seguir caminando… con una fe más humilde, más verdadera, más encarnada.
Porque al final, lo que vale no es parecer creyente, sino intentar —una y otra vez— serlo de verdad.




