Pages

martes, 31 de diciembre de 2019

Cartagena típica 2020

Esto que voy a decir es muy fácil escribirlo, pero la realidad es tozuda y se nos vienen tiempos de tirantez política.
En este año 2019 ocurrió algo insólito, una campaña disruptiva venció a una campaña política cautiva, pero no fue menos importante el voto en blanco.
No acostumbro a desearle suerte a nadie, sino éxitos aun en los pequeños fracasos; fracasos grandes no existen, existen la magnificación perceptiva de los mismos. Pues Cartagena no está 
ni para pequeños ni para grandes descalabros.
No voy a repetir los diagnóstico ya muy bien explicados en editoriales y columnas de opinión por autores de diferentes tendencias políticas. Mi interés hoy es otro.
¿Cartagena tiene una planeación? A pesar de que la ley exige al primer mandatario del distrito ser: el policía, educador y médico de la ciudad, para eso fue elegido, no menos importante y, tal vez lo mas importante ser el administrador visionario de una ciudad que ha sido atomizada y que ha quedado sin centro geográfico ni centro político. Si hacemos un ejercicio en “Google maps” ubicar que es centro y que es periferia, Cartagena no es fácil de delimitar. 
Hoy sábado 28 de diciembre de 2019 en el peridico El Universal de Cartagena,Socorrito Rodriguez invito al alcalde elegido por los cartageneros a ser un buen chef, saber preparar, cocinar y distribuir el choncho, Yo lo invito a que nos convoque a todos a la mesa, pero con un programa estructurado para celebrar los 500 años de una Cartagena que sueñe con ser milenaria; una ciudad que merece el amor de todos.

No necesitamos más diagnósticos, sino estrategias y acción para sacar la ciudad adelante. 
Poner en ejecución las cosas buenas heredadas; hacer tabula rasa es retroceder lo 
inimaginable.
El recaudo distrital no puede ser confiscatorio, el uso del tesoro debe ser bien presupuestado y su ejecución bien invertido ¿sencillo? Pues no. La demanda social, la demanda estructural y la demanda cultural es tan grande de esta nuestra Cartagena, que debemos ser no ciudad inteligente, debemos ser ciudadanos audaces.

Espero que el secretario de educación recuerde que educación no es escolaridad; al secretario de salud que salud no es atención es prevención y promoción, y a la secretaria del interior que seguridad no es castigo es persuasión y cumplimiento de la buena convivencia ciudadana.

Señor William (Guillermo) Dau, usted tiene la inteligencia suficiente, le cabe la ciudad en la cabeza y en el corazón. Le ruego, haga todo lo posible para evitar otras elecciones atípicas.  Solo eso le pido. 

Por último, gobernar a Cartagena es como gobernar a Bogotá, las dos 
ciudades mas importantes del país: Cartagena es sede alterna del gobierno y la puerta de 
entrada del turismo mundial.
Feliz 2020 a todos mis amigos cartageneros que somos todos los que aquí vivimos.



sábado, 7 de diciembre de 2019

Gander

Este escrito cedido por un autor desconocido que me pidió su difusión.

Conocías esto?

TODOS SABEMOS DEL ATAQUE TERRORISTA A LAS TORRES GEMELAS, ¿ PERO HAS OÍDO HABLAR DEL PEQUEÑO PUEBLO CANADIENSE DE GANDER?
EL MISMO DÍA QUE SE MANIFESTÓ LA PEOR MALDAD HUMANA, EN GANDER EL SER HUMANO DEMOSTRÓ TAMBIÉN DE LO QUE ES CAPAZ. AQUÍ TE LO CUENTO—

11 de septiembre de 2001. Terroristas islámicos secuestran y estrellan cuatro aviones de pasajeros. Miles de muertos. Estados Unidos cierra su espacio aéreo. Cientos de vuelos intercontinentales no pueden llegar a su destino y se derivan a Canadá. Fue la operación “Yellow Ribbon”.

Más de 500 vuelos trasatlánticos y 90 transpacíficos estaban en el aire en el momento del cierre. 238 de ellos habían superado el punto de no retorno y no podían regresar a Europa. Sólo tenían una opción: aterrizar en Canadá.

Las autoridades aéreas de Canadá se encontraron con casi 250  aviones de fuselaje ancho que debían aterrizar, de ser posible, lejos de las grandes ciudades, porque ellas también podían ser objetivos terroristas.

No sólo se trataba de hacerlos aterrizar: ningún avión podía despegar después, puesto que el espacio aéreo canadiense también se había cerrado para todos los aviones civiles antes de la hora de comer.

Había que hacerse cargo de toda esa gente: más de cuarenta mil pasajeros.

Se decidió que los aeropuertos de Halifax y Gander recibieran la mayoría de los vuelos trasatlánticos. 47 llegaron a la ciudad de Halifax, capital de Nueva Escocia; 38 a Gander. Halifax es una ciudad de 400.000 habitantes, pero Gander ni siquiera llegaba a los 10.000.

Gander tenía un aeropuerto internacional capaz de recibir aviones de fuselaje ancho porque fue parada obligada para recargar combustible de los vuelos desde Europa hasta los años setenta, cuando los aviones tenían menos autonomía. Pero en 2001 era un aeropuerto regional pequeñito..

Pero entonces sucedió lo que sucedió y Gander se convirtió en el destino obligado de docenas de aviones.

38 aviones de fuselaje ancho, incluidos varios Boeing 747 más grandes que la propia terminal, aterrizaron en Gander en las seis horas posteriores al cierre del espacio aéreo estadounidense. Seis mil setecientas personas aterrizaron en un pueblo de diez mil habitantes.

El número total de habitaciones de hotel disponibles en Gander y en setenta y cinco kilómetros a la redonda no llegaba a 500. Faltaban unas tres mil habitaciones, más o menos.
Las autoridades, desbordadas por la situación, pidieron ayuda por la radio. Y la recibieron: miles de personas de Gander y de todos los pueblos de alrededor dejaron todo lo que estaban haciendo y se lanzaron a ayudar.

El impacto emocional de las imágenes de las Torres Gemelas cayendo había sido tan devastador que cuando la población recibió la noticia de que había víctimas colaterales de los atentados esperando a ser ayudadas, no tuvieron la menor duda de qué hacer.

En los aviones la situación era dramática. No sólo habían aterrizado en un pueblo en mitad de la nada de la isla de Terranova, sino que en muchos casos ni siquiera sabían por qué. Y peor aún: no podían bajar de los aviones, ni pudieron hacerlo durante más de 24 horas.

Cuando bajaron, agotados física y mentalmente, recibieron además la noticia de que tendrían que permanecer al menos 48 horas más en aquel lugar, hasta que el espacio aéreo se abriera de nuevo.
El panorama era muy oscuro. Hasta que llegó la gente de Gander.

La gente del avión ("plane people", en palabras de los habitantes de Gander) no tenía nada. Su equipaje estaba en el avión y allí seguiría. Dos días de tensión y terror sin ducharse, y ni siquiera batería en el celular. Eran, básicamente, unos refugiados

Y entonces llegó la gente de Gander. Mil familias abrieron sus casas para acoger a más de tres mil personas, a las que además surtieron de todo lo necesario.

Varios miles de personas más donaron ropa, productos de higiene personal, comida o pañales tras la petición de una estación de radio.
La compañía de teléfonos instaló dos docenas de aparatos gratuítos para que los desesperados pasajeros pudieran hablar con sus familias. Los colegios cerraron para habilitar sus instalaciones como dormitorios.

Cientos de personas llegaron desde todos los pueblos de la región cargadas con bocadillos preparados por ellos mismos, comida precocinada, botellas de agua y todo lo que se les ocurrió que podría hacerles falta a la gente de los aviones.

Las necesidades básicas de los refugiados de los aviones fueron cubiertas por ciudadanos y comerciantes locales. Pero no se quedaron ahí. Los primeros pasajeros tardaron tres días en marcharse. En esos tres días sus anfitriones hicieron que se sintieran como en casa.

Se llevaron a sus invitados de excursión a conocer la isla de Terranova, les acompañaron a la iglesia, les ayudaron a comunicarse con sus seres queridos y trataron como si fueran uno más de la familia a perfectos desconocidos, a los que quizás nunca volverían a ver.

Enfermeros y médicos se presentaron voluntarios para cuidar de las mujeres embarazadas. Se buscaron intérpretes par los pasajeros que no sabían inglés.

Cuando los pasajeros volvieron a sus aviones una vez abierto el espacio aéreo se contaban unos a otros sus experiencias como si estuvieran hablando de unas vacaciones.

Amistades eternas se forjaron en aquellos días en los que una ciudad se volcó con miles de desconocidos. En agradecimiento, uno de los pasajeros abrió un fondo para pagar la universidad de los estudiantes de Gander. Esperaba recaudar miles de dólares. ¡Recaudó millón y medio de dólares procedentes de los agradecidos pasajeros!

Gander se ganó un hueco en la historia, pero sobre todo en los corazones de todos aquellos desplazados que se vieron atrapados por la sinrazón terrorista en un pueblo a miles de kilómetros de sus casas.

Gander, ese día, fue un símbolo del bien.

*Por favor: envíen esta historia ( menos conocida y ocurrida el mismo día de los atentados en el pueblo de Gander y la Operación Yellow Ribbon (lazo amarillo) a todas las personas que puedan. Para q todos aprendan de solidaridad y caridad hacia otras personas menos afortunadas*