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jueves, 30 de mayo de 2019

Cartagena mi apellido 

 Cartagena no solo es mi apellido, es además mi nombre; es mi piel.
Nací, crecí y viví en esta ciudad con murallas, castillos y mar.
Con un crisol étnico de informalidad alegre.
Cartagena soy yo y yo soy Cartagena.

Tu dolor es mi dolor, todos los que tenemos por nombre y apellido Cartagena nos debemos pellizcar para que no se siga hundiendo indolentemente.

Corazón de pirata que le canta al amor furtivo, a esa musa infinita, ese es mi corazón por ti, Cartagena.

Tus hijos buenos, un Edipo nunca resuelto, debemos sacarte del ostracismo de las malas mañas, de calañas ponzoñosas, de aquellos mezquinos instintos que solo te exprimen para su propio lucro y que no les importa tu permanencia en la historia.

Mi apellido es Cartagena pero mi ADN eres tú, mi corralito de piedra.


Dios salve a ti, mi Cartagena.  






viernes, 17 de mayo de 2019

Barrio caótico

Este mes, cada día, ha sido un sobresalto sobre otro; no hay forma de dar una lectura histórica de lo que nos está pasando; la justicia y su sistema hacen aguas.

Trato de entender por qué una constitución, que es la norma de normas y que tiene como único propósito la convivencia en nuestro país, la violamos constantemente.

Hoy no podemos exigirle a cualquier ciudadano que entienda lo que ha pasado en este país en los últimos años; ya nadie sabe a quién creer y mucho menos a quien obedecer.

Para la muestra un botón: Tomemos un ejemplo, un barrio, cualquier barrio serviría como ejemplo, pero voy a utilizar a Bocagrande en Cartagena. ¿Quién se atreve a definir qué tipo de barrio es? ¿Residencial? ¿Comercial? ¿Turístico? ¿O todos los anteriores? Lo más absurdo de todo, es que es el barrio más pequeño y de menor número de hectáreas útiles que tiene Cartagena, (Menos de 60 manzanas) y se ha vuelto una olla en la que todo el mundo hace lo que a bien le dé la gana.

En cada manzana las aceras están tomadas por la informalidad; las calles con un tráfico caótico y denso; aquí no pasa nada y al mismo tiempo pasa de todo.

Fin de semana, la playa es un amenazante tugurio marino. Cualquiera puede atracar su bote en cualquier parte, acosar al transeúnte y amenazar al que se le atraviese. El área hospitalaria tiene los signos de “No pitar”, “No hacer bulla” y “Respetar al enfermo”, pero justo es donde más pitan los taxis; el campo de softball se convirtió en cantina y música a todo volumen; ni que decir de los “pescadores” de turistas, para llevarlos a las paradisíacas islas de Tierrabomba.

¿Seguridad? Hoy tenemos casas y edificios con subarriendos para turistas que no cumplen con formalidades; lugares de muy poca reputación donde pulula el microtráfico, atracos a los carros e indigentes que deambulan por doquier.

Los negocios formales que le representan ingresos por tesorería al distrito pasando dificultades por competencias desleales e informales, y en las narices de la autoridad. Y no hablemos del asalto visual a las buenas costumbres y el buen comportamiento. ¡Nos rajamos! ¡El ecosistema destruido!
Vuelvo al principio de este escrito. Si el ejemplo lo da el loquero, ¿Que se espera del loco? Triste y doloroso ejemplo que están dando nuestros líderes de la autoridad, seguridad y justicia en este país.


Bocaleño despierta!!!